
Habitar el movimiento del paisaje es la acción performática que activa OÓSFERA, una instalación concebida como un espacio circular donde impresiones botánicas suspendidas configuran un territorio de contemplación y tránsito. El círculo funciona como un organismo vivo, un ecosistema que envuelve al cuerpo y lo sitúa en un estado liminal entre la tierra y el aire.
La obra nace de una investigación en torno al medio rural como espacio de memoria, cuidado y conocimiento. A través de elementos botánicos y orgánicos, propone una mirada que reivindica el valor del territorio y de los ciclos naturales, entendiendo el paisaje como un tejido vivo de relaciones que sostiene la vida y merece ser preservado.
En el centro de este espacio, la práctica del hair hanging convierte el cuerpo en un eje de tensión y equilibrio. Suspendido únicamente por el cabello, el cuerpo abandona su relación habitual con la gravedad para entrar en una experiencia de vulnerabilidad, resistencia y transformación. La suspensión se plantea como una forma de escucha profunda, donde el tiempo se ralentiza y cada movimiento dialoga con el entorno, activando y modificando la presencia de OÓSFERA.